Marco Noiva presenta ‘Brillo y electricidad’, el último capítulo de su segundo LP, ‘La chica de frambuesa’, un disco que encuentra en esta canción el punto guitarrero y potente que faltaba para cerrarlo.

Hay algo especial cuando un disco se completa con la canción que parecía estar esperando. Eso es precisamente lo que ocurre con ‘Brillo y electricidad’. Marco Noiva cierra el círculo de La chica de frambuesa apostando por guitarras con protagonismo y una energía diferente.
El propio artista lo explica de manera muy clara: “faltaba una donde las guitarras tuvieran toda la importancia”. Y para conseguirlo vuelve a contar con David M., productor de todo el álbum.
El resultado es un tema luminoso, eléctrico y profundamente romántico. La canción habla de ese momento en el que alguien aparece y consigue cambiarlo todo. De repente, lo gris pierde fuerza y la vida parece funcionar a otra velocidad.
La letra convive con las guitarras en una especie de enamoramiento eléctrico. Esa persona ocupa pensamientos, canciones y planes. También aparece el miedo a perderla y la necesidad de aprovechar cada segundo compartido. Hay una sensación de vértigo constante. No es únicamente estar enamorado. Es sentirse completamente atrapado por alguien y disfrutar de esa sensación. Incluso cuando roza la locura.
Marco Noiva pone el broche guitarrero a ‘La chica de frambuesa’ con “Brillo y Electricidad”
Con este lanzamiento queda completo un álbum de ocho canciones que Marco Noiva ha ido desvelando poco a poco.

El recorrido comienza con ‘La chica de frambuesa’, una declaración de amor nacida de un detalle tan íntimo como un perfume de frambuesa. Marco convierte aquel recuerdo en una canción sobre cómo alguien puede cambiar por completo nuestra manera de mirar el mundo.
Después llega ‘Sin quitarte los zapatos’, donde aparece la otra cara del amor: la despedida. Una canción de atmósfera íntima y creciente que habla de una ausencia difícil de asumir y de todo lo que queda desordenado después de que alguien se marche.
‘Luces encendidas’ mantiene ese desamor, pero cambia el enfoque. Marco transforma la espera en una canción luminosa y pegadiza. Las luces se convierten en señales para alguien que ya no está, pero que continúa ocupando demasiado espacio en la cabeza.
En ‘Nunca es para tanto’ encontramos una ruptura contada desde los pequeños detalles. Un Lego desmontado se convierte en la metáfora perfecta de algo que antes estaba completo y ahora solo son piezas. Es uno de esos temas donde la tristeza aparece sin necesidad de exagerarla.
‘Diciembre’ vuelve al comienzo de la historia. Es el momento de descubrir que estás completamente enamorado y no sabes muy bien cómo decirlo. Entre recuerdos cotidianos y hasta un disco de Britney Spears sonando una y otra vez, Marco captura ese vértigo tan reconocible de sentirse pillado.
‘Polvo en el tejado’ baja todavía más las luces. Aquí aparece una tristeza más personal, esa sensación de estar atrapado en un bucle y tener que fingir que todo sigue normal. El polvo acumulado funciona como metáfora de aquello que vamos dejando sin resolver.
Y entonces aparece ‘Brillo y electricidad’, el tema que faltaba para completar el puzzle. Las guitarras toman el mando y la historia vuelve a acelerarse. Marco recupera la ilusión de estar con alguien que hace que todo vuelva a tener sentido.
El encargado de cerrar el disco es ‘Super 8’, una canción sobre aprender a soltar. Esa persona continúa dando vueltas en la cabeza como una vieja película que se repite a cámara lenta. Una imagen perfecta para cerrar un álbum construido precisamente a partir de recuerdos, heridas y nuevas ilusiones.
Marco Noiva reconoce que estas son “las mejores canciones que he podido escribir” y que ahora presta mucha más atención a las letras. Es una declaración importante, porque precisamente ahí está buena parte del atractivo de este disco. ‘Brillo y electricidad’ consigue además que el cierre tenga algo de celebración. Las guitarras toman el mando, la melodía empuja y el mensaje se resume en una idea sencilla: cuando encuentras a esa persona, solo quieres quedarte hasta el final.
Y así termina La chica de frambuesa: con electricidad, guitarras y ganas de seguir hablando de esa persona que lo ha cambiado todo. Escuchalo AQUÍ.

Buah! Qué pasada de artículo! 💜
Millones de GRACIAS de verdad por todo ese recorrido de las canciones. Es una maravilla tener este recuerdo de cada una de ellas.
GRACIAS, de corazón.