Crónica: Maná, Airbag, Duncan Dhu y Safree en el Área 12 – Una noche de calor, clásicos y un elefante gigante

Maná Airbag Duncan Dhu y Safree en el Área 12. El sábado 28, el Área 12 se convirtió en una mezcla de verbena, festival y documental de National Geographic. Y no lo digo por el público (que también había fauna variada), sino porque, en mitad del concierto de Maná, ¡apareció un elefante inflable! Sí, sí, un elefante.

Pero vamos por partes. La tarde empezó con Safree, que se comió el marrón de abrir mientras el sol nos estaba friendo como croquetas. La pobre se dejó la piel animando al personal y, oye, lo consiguió. Fue de esas veces que piensas: menos mal que hay alguien dándolo todo, porque el público estaba más pendiente de buscar sombra que de cantar.

Luego llegaron Airbag. Si no los conocías (como era mi caso), te cuento: son argentinos, hacen un rock potente que recuerda a cuando creías que tener una banda era lo más. Sorprendieron para bien, conectaron con el público y dejaron claro que se merecían estar ahí.


Duncan Dhu fue un viaje en el tiempo. La verdad, el rollo íntimo que tienen habría pegado más en un teatro o un sitio recogidito, porque con tanto calor y cerveza voladora el ambiente no era el ideal. Aun así, cuando sonaron los acordes de Cien gaviotas, el Área 12 se vino arriba.

El momento Maná

Y por fin, Maná. Qué decir… el bolo fue como ir a ver a ese grupo que adorabas en los 2000 y al que ya le pesan los años. Fher se notaba justito de voz, hablaba más que cantaba, tanto que le pidió a Álex (el batería) que se marcará un mini concierto el solo para poder coger algo de aire, pero ¿a quién le importa?

Solo por el momento Clavado en un bar, Vivir sin aire, El muelle de San Blas y Rayando el sol, ya mereció la pena el sudor, las colas para la cerveza al sol y los empujones para pillar buen sitio. El elefante inflable fue el broche surrealista de la noche, y la prueba de que Maná sigue haciendo de sus conciertos una experiencia única con un montón de temazos que nos devolvieron por un rato a esos años en los que nos creíamos inmortales (y sin resaca).