EL VUELO de Clara Olóndriz en el universo emocional de Barcelona

Clara Olóndriz presenta EL VUELO en Barcelona. La noche del pasado jueves, la catalana aterrizó en la Sala Taro dentro del ciclo del Festival Empremtes para presentar en directo EL VUELO, el álbum más personal y ambicioso de su trayectoria. Y lo hizo precisamente como promete el título del disco: invitando al público a atravesar un viaje emocional lleno de vértigo, nostalgia, fuerza y esperanza.

Desde la intro inicial quedó claro que aquello no iba a ser únicamente un concierto, sino una experiencia narrativa cuidadosamente construida. Clara apareció sobre el escenario acompañada de una banda sólida y delicada a partes iguales, preparada para dar vida a un repertorio que transita constantemente entre la fragilidad y el impulso de seguir adelante.
“Hoy soy Clara Olóndriz y estoy presentando por primera vez mi primer álbum en Barcelona, EL VUELO, con esta banda fantástica”, confesó emocionada antes de arrancar con Huracán. “Espero que disfrutéis de este viaje emocional y musical y que nos acompañéis en los altos y altibajos que hay en el vuelo”.
Y precisamente así se sintió la noche: como un trayecto con turbulencias emocionales y momentos de calma luminosa.
Clara Olóndriz presenta EL VUELO en Barcelona. Un viaje entre la herida y la esperanza



Tras abrir con Alza el Vuelo, ese himno que funciona como eje conceptual del disco y que habla de perder el miedo a saltar hacia los propios sueños, el concierto fue desplegando las diferentes caras de EL VUELO. La intensidad emocional apareció pronto con Viejos Silencios y una elegante reinterpretación de La Fama de Rosalía, llevada al universo íntimo y melancólico de Clara.
Uno de los momentos más especiales llegó con Oda al hogar, donde la artista volvió a conectar con esa nostalgia luminosa que atraviesa todo el álbum: la necesidad de encontrar refugio mientras la vida obliga a avanzar.
Pero fue Ruiseñor quien terminó de detener el tiempo dentro de la sala. Antes de interpretarla, Clara explicó que la canción habla “de esas veces que tenemos que soltar la mano a alguien a quien queremos”. La introducción comenzó con el sonido del ruiseñor resonando en la sala, creando una atmósfera delicada y casi cinematográfica. La canción, triste pero profundamente esperanzadora, logró uno de los silencios más sinceros de la noche.
La artista demostró además una enorme cercanía con el público, compartiendo el origen de muchas canciones y dejando entrever las dualidades que construyen EL VUELO: la caída y la reconstrucción, la duda y la valentía, el dolor y la celebración.
Del origen en Instagram al directo más poderoso

El concierto también tuvo espacio para mirar atrás. Durante el Medley Indie Español, Clara rindió homenaje a las influencias musicales que la han acompañado desde sus inicios. “Muchos sabéis que empecé haciendo medleys en Instagram”, recordó. Aquellas mezclas rápidas de canciones fueron precisamente el primer impulso que la dio a conocer poco a poco en redes, y sobre el escenario se transformaron en uno de los momentos más cercanos y divertidos del concierto.
En contraste, canciones como Dolor y Troya mostraron su lado más intenso y visceral. Especialmente impactante fue la transición hacia Corona de Rey: una introducción mística dominada por los golpes ceremoniales de batería fue creciendo lentamente hasta que una caja de música marcó el inicio de la canción. Un instante teatral y magnético que recordó por qué este tema terminó llevándose el Premio Latino 2025 a Mejor Mensaje en Canción Pop.
Una celebración de lo efímero
Si Huracán fue la explosión más festiva de la noche, Brindis Eterno terminó funcionando como un abrazo colectivo. Antes de interpretarla, Clara agradeció a su familia, amistades, a la Sala Taro, al Festival Empremtes —“por apostar por artistas emergentes”— y a todas las personas que han hecho posible esta gira.
Entonces llegó una de las reflexiones más bonitas del concierto: “A veces nos fijamos más en los momentos tristes y poco en los felices. Deberíamos parar, hacer una foto mental de estos momentos y acordarnos de la gente que hoy está sentada con nosotros, porque no sabemos si mañana estarán”.
Con esa idea flotando en el aire, Brindis Eterno cerró el concierto convirtiendo la despedida en una celebración de lo compartido. Y quizá ahí reside precisamente la esencia de EL VUELO: entender que el horizonte importa, sí, pero que lo verdaderamente transformador ocurre mientras atravesamos el camino.
La noche en la Sala Taro confirmó que Clara Olóndriz ya no es solo una promesa emergente dentro del indie-pop nacional, sino una artista capaz de construir universos emocionales propios y trasladarlos al directo con honestidad, sensibilidad y una fuerza cada vez más sólida.