Supercremalleras y BIELA protagonizaron el pasado 15 de mayo la primera jornada de Las Sessions 2026 en La Lata de Bombillas de Zaragoza, dentro del ciclo organizado por Haciendo el Indie. La emblemática sala zaragozana, referencia imprescindible del circuito independiente de la ciudad, volvió a convertirse en el escenario perfecto para reivindicar la importancia de apostar por bandas emergentes y propuestas alejadas de los grandes focos, pero sobradas de personalidad y discurso sobre el escenario. Y si algo quedó claro durante esta primera noche es que el público zaragozano sigue respondiendo con fuerza cuando la música se vive de cerca, en salas pequeñas y con conciertos cargados de verdad.

Con el cartel de sold out colgado y una atmósfera de absoluta entrega desde el primer minuto, Supercremalleras y BIELA transformaron la sala en una auténtica celebración del pop-rock más honesto, emocional y explosivo. Dos bandas con estilos diferentes, pero unidas por una misma capacidad: convertir emociones cotidianas en canciones que conectan de lleno con el público.
Guitarras, rabia y cercanía: así conquistó Supercremalleras en Las Sessions de Zaragoza
Los primeros en subirse al escenario fueron Supercremalleras, banda que regresaba a Zaragoza para presentar su último trabajo, “Avenida América”. Era su segunda visita por tierras mañas pero esta vez ante una afluencia de público mucho mayor. Reflejo de su trayectoria, evolución y seguidores que la banda va forjando con el paso del tiempo.
La formación vizcaína, integrada por Gorka, Julen, Gorka y Dani, volvió a demostrar por qué su mezcla de vacileo emocional, drama cotidiano y guitarras afiladas conecta tan bien con el público. Sus letras se mueven constantemente entre la ironía y la honestidad, evitando caer en extremos y encontrando ese punto medio tan real como reconocible. Y sobre el escenario todo eso se traduce en un directo guitarrero, enfadado, intenso y tremendamente disfrutable.

Abrieron con “Un año de mierda”, toda una declaración de intenciones. Desde el primer momento quedó claro que Supercremalleras venían decididos a dejarse la piel. Le siguió la urgente “Rojo” en ese despliegue de power-pop que obliga a moverse. Seguimos bailando con “Gominolas” y su pegagoso estribillo que hace que el público termine de meterse de lleno en el concierto.
Uno de los grandes momentos llegó con “Al Dente”, donde ese bajo tan marcado y ese guiño post-punk hicieron vibrar la sala. Sigen con la expansiva “Un trato” que en directo suena preciosa y emociona con esas guitarras que acompañan y elevan el tema. Siguen con “Qué bien nos quedamos”, demostrando el gran equilibrio que tiene la banda entre melodía, rabia y cercanía.
Cuando llegó “La Riviera”, Gorka decidió cambiar el título de la canción por el de la sala que los acogía, guiño que gustó entre los asistentes. Uno de esos pequeños detalles que reflejan perfectamente el cariño y la conexión que generan allá por donde pasan.

La parte central del concierto ganó todavía más músculo con “Fuencarral” y “Perro”, tema con el que Gorka bajó al público para poguear entre la gente mientras la sala se convertía en un auténtico caos controlado. Sonaron también “Generación del 27” y “Mejor Que Mal, Peor Que Bien”, su último single, que funciona como una continuación natural del universo emocional de “Avenida América”.
Y si algo quedó grabado en la memoria de muchos fue “Jodido”, uno de esos temas capaces de resumir perfectamente el espíritu de una generación que intenta aprovechar cada instante mientras todo parece ir demasiado rápido. La canción habla de vivir el momento, de agarrarse al presente y quemarlo como si fuese el último. En directo sonó todavía más cruda y cercana, convirtiéndose en uno de los puntos más intensos de la noche.
El cierre con “Ex” dejó a la sala completamente entregada. Supercremalleras sonaron compactos, seguros y disfrutando cada minuto sobre el escenario. Se nota el rodaje, los años tocando juntos y la capacidad de resolver cualquier problema técnico con absoluta soltura. Pero sobre todo se nota el cariño y el cuidado que ponen en cada detalle.

Para mucha gente fue la primera vez en ver a Supercremallereas y no hay duda de que tras esta noche han sumado un buen puñado de nuevos seguidores. Porque cuando una banda transmite tanta verdad y energía encima de un escenario, es difícil salir indiferente. Un gustazo volver a verlos y una pregunta inevitable flotando en el ambiente: ¿cuándo vuelven por aquí?
BIELA eleva la intensidad emocional de la noche con un directo crudo y explosivo
Tras el buen sabor de boca de Supercremalleras llegaba el turno de BIELA. Tercera visita a Zaragoza y tercera vez pasando por La Lata de Bombillas. Y si algo quedó claro desde el primer acorde es que el trío madrileño sigue creciendo a pasos agigantados.
Formados por Alberto de Lara (voz y guitarra), Álex de las Heras (batería) y David Marín (bajo y coros), BIELA ha encontrado un sonido muy propio donde conviven el pop alternativo, las guitarras emocionales, el emo y ciertos guiños punk que encajan a la perfección con su identidad.

Llegaron al escenario sin necesidad de introducciones largas. Directamente arrancaron con “Salir de aquí” y ese estribillo épico que terminó de incendiar una sala ya completamente entregada. Le siguió “Un día más”, desplegando toda esa potencia tan arraigada al rock que se ha convertido en una de las grandes fortalezas del grupo.
“TFG” apareció como esa mezcla perfecta entre sensibilidad y explosión. Comienza casi como una pista de pop a medio tiempo y termina creciendo hasta romper completamente en el estribillo y junto a este los primeros pogos de la sala. Después llegó “El escenario”, melódica y contundente al mismo tiempo, con un bajo que parecía arrastrarlo absolutamente todo.

Hubo espacio también para bajar revoluciones sin perder intensidad emocional con temas como ya “Ya ni te echo de menos” o “No te vayas de mi lado”. BIELA demuestra en sus temas que no solo funcionan desde la rabia o la explosión, sino también desde la vulnerabilidad y la cercanía. Prueba de ello temas como “Mensajes pendientes” o “Nantes-Madrid”. Se percibe una sala entregada, donde el público no solo canta cada tema, sino que lo siente de verdad. La banda es capaz de transmitir tanto por la honestidad directa de sus letras como por la fuerza arrolladora de su directo. Así seguimos coreando fuerte “Si tu corazón fuera para mí” y “No me hago a la idea”.
Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con “Todo va a ir a mejor”, auténtica joya dentro del repertorio de la banda y una de esas canciones que consiguen unir a toda la sala en un mismo sentimiento.
La recta final del concierto fue una auténtica demostración de contundencia y emoción. “Una vida nueva”, “Tobogán” y especialmente “Siento si” elevaron todavía más la intensidad del directo. Este último fue creciendo poco a poco hasta terminar explotando entre guitarras y batería, impregnándolo todo de una sensación muy cercana a la rabia contenida.
Los pogos estuvieron muy presentes durante todo el concierto de BIELA. Y es lógico: cuando una banda se deja absolutamente todo encima del escenario, el público responde exactamente igual. Cerraron con “Si dejamos de hablar” y la efectiva “Cuatro hijos y un jardín”, dejando claro que el techo de BIELA todavía está muy lejos.

Su directo volvió a sostenerse sobre una base rítmica contundente, guitarras vibrantes y voz cruda que huyen de artificios innecesarios. El paso de los años les está dando una mayor profundidad emocional y un extra de contundencia que les sienta especialmente bien. ¡Qué sigamos bailando este “pop del fuertecito” muchas veces más.
La primera noche de las Sessions 2026 dejó claro por qué este ciclo se ha convertido en una de las citas más que interesante dentro de la escena independiente zaragozana. Dos bandas en plena evolución, una sala completamente entregada y esa sensación de estar viendo algo auténtico, cercano y necesario. Que sigan existiendo propuestas así, que sigan apostando por bandas emergentes durante mucho tiempo.