Casablanca debutan con su primer y homónimo EP, Casablanca, un trabajo que condensa el vértigo, la crudeza y la búsqueda del amor en todas sus formas. Cinco canciones que son un retrato generacional: la euforia, la frustración y esa pulsión por sentirlo todo aunque duela. El cuarteto madrileño entrega un debut cargado de guitarras afiladas, bajos elegantes y una batería que no da tregua, envuelto en ese uso del Auto-Tune tan propio que ya se ha convertido en su sello.
Casablanca y su viaje emocional en cinco actos
Desde la primera pista, “A 120”, Casablanca pisan el acelerador y no levantan el pie. Es un arranque explosivo que simboliza la velocidad con la que se vive y se ama hoy en día. El tema es pura adrenalina, un viaje por carretera donde el amor y la inconsciencia se mezclan a ritmo de guitarras y estribillos que piden ser coreados. “A 120” es el vértigo del presente, esa sensación de ir demasiado rápido, de querer sentirlo todo antes de que se acabe la gasolina.
El segundo corte, “Ángel del Infierno”, mantiene la energía pero la lleva al terreno del deseo. Una canción donde la pasión se confunde con la perdición. Con un tono más oscuro, el grupo retrata el magnetismo de quien nos arrastra al desastre sin remedio. Es sensual, directa, y tiene ese punto de picardía que recuerda que en el fondo todos hemos sido, o amado, un “ángel del infierno”.
El tono se vuelve más introspectivo con “Quizás”. Es una de las piezas más sinceras, un tema que gira en torno a los errores que se repiten, las segundas oportunidades que no deberían haberse dado y las heridas que nunca terminan de cerrar. La banda muestra aquí su lado más emocional sin perder fuerza, construyendo una atmósfera intensa y confesional que contrasta con los temas más frenéticos del trabajo.
En “Amor Eterno” reaparece el espíritu canalla y nocturno. Habla del desencanto después de una noche de excesos, de la contradicción entre lo que se promete y lo que realmente se siente. “Yo, que te juré amor eterno, ahora estoy descontrolado” resume perfectamente el tono del tema: la ironía de quien amó demasiado y ahora no sabe qué hacer con ese amor. Su sonido combina el pop-rock más callejero con un estribillo pegadizo y una producción brillante.
El cierre llega con “Casablanca”, la canción que da nombre al grupo y al disco, y que también le otorga sentido. Aquí el concepto se transforma en metáfora: Casablanca no es un lugar, sino un estado mental, un refugio, una huida del caos. Es la búsqueda de un amor verdadero lejos del ruido y la rutina de Madrid. “Te busqué por Casablanca, a más de mil kilómetros de aquí”, repite la voz principal como si ese destino fuera una promesa de libertad. Es una despedida que deja en el aire una mezcla de melancolía y esperanza.

Del caos de Madrid a su propio refugio
El sonido de Casablanca a caballo entre la crudeza del pop-rock clásico y una producción moderna. Con la mezcla de Jimmy Torres y el máster de Guille Mostaza (Álamo Shock), el grupo logra un equilibrio entre la urgencia del directo y la precisión de estudio. El resultado es un EP que suena fresco, potente y sincero.
Detrás del nombre de la banda hay una historia real que define su espíritu. Neho, vocalista y fundador del grupo, creó el proyecto tras un viaje a Marruecos en 2023. Estaba en la ciudad de Casablanca el 11 de septiembre, cuando un fuerte terremoto sacudió la zona. Aquella experiencia, la sensación de fragilidad y al mismo tiempo de libertad, se convirtió en la chispa que dio origen a este proyecto. “Queremos extrapolar esa sensación de sentirte en casa incluso lejos de los tuyos”, explica la banda.
Con Hugo a la guitarra, Mario al bajo y Saba a la batería, Casablanca se ha convertido en una de propuestas prometedoras dentro de la nueva escena madrileña. En su primer concierto en el Café La Palma, colgaron el cartel de “Sold Out”, demostrando que su energía conecta de inmediato con el público.
Casablanca es un EP que respira juventud, intensidad y madurez emocional. Habla del amor sin filtros, de los errores que nos hacen humanos y de la búsqueda de algo real en medio del ruido. Es un debut que no solo presenta a una banda, sino también una forma de entender la música y la vida: rápida, sincera y sin miedo a mirar de frente.
