Volavent en la Heliogàbal de Barcelona, la crónica por nuestra Miri

Selvajes: prender la mecha desde el primer acorde

Volavent en la Heliogàbal de Barcelona

Volavent en la Heliogàbal de Barcelona. El pasado 28 de marzo, la Sala Heliogàbal acogió una noche que se vivió desde la honestidad y la conexión más que desde la espectacularidad. Volavent presentó su gira Caída Libre, y junto al grupo invitado Selvajes, el concierto se convirtió en un viaje que empezó ardiendo y terminó calando hondo.

Selvajes, los encargados de abrir la noche, no vinieron solo a tocar; vinieron a prender fuego la sala. Desde el arranque con Intro + Sale el sol, ya se intuía que aquello no sería un simple calentamiento, sino un pequeño estallido contenido.

Con El Despegue, marcaron el rumbo: una declaración de intenciones que surge desde dentro y se lanza sin miedo. Entre guitarras crudas y una energía que no daba tregua, fueron hilando temas como Gallagher o Última noche, moviéndose entre la nostalgia y la rabia, entre caer y volver a levantarse. Selvajes tienen algo que no se disfraza: verdad.

Y temas que llevaban al éxtasis, como C.M.S. A bailar o ese grito de libertad que es Ya es viernes. Sin filtros, sin postureo, solo conexión pura.

Selvajes no abrieron el concierto.
Lo hicieron despegar.

Volavent en la Heliogàbal de Barcelona: una caída libre hacia lo emocional

Volavent en la Heliogàbal de Barcelona

Tras el impulso inicial de Selvajes, Volavent aterrizaban en la Sala Heliogàbal dentro de su gira Caída Libre. La sala estaba completamente llena, con el público ya completamente entregado después del fuego que había dejado el grupo invitado, y la banda recogió esa energía para transformarla en algo completamente suyo.

Lo bueno de la Sala Heliogàbal es el escenario tan bajo, que da esa sensación de proximidad con el público, así como un sonido impecable que hace que cada detalle se sienta al instante. La banda recogió esa energía para transformarla en algo completamente suyo.

Su sonido —claro, lleno de ritmo y con un pulso constante— se fue abriendo camino con una naturalidad que no necesitaba artificios. Desde el primer instante quedó claro que eran una banda segura de sí misma, con química sobre el escenario y una manera de transmitir que conecta sin esfuerzo. Nada de gestos exagerados: todo fluía con sinceridad y con la certeza de que cada canción tenía algo que contar.

Desde la Intro, el ambiente apuntaba a algo más emocional que explosivo. El mundo y Si llega el momento marcaron un inicio contenido, donde la banda empieza a tejer su narrativa: estar un poco perdido, pero seguir avanzando.

Cuando el escenario se queda pequeño

Con Dónde vamos y Nada será igual, el concierto empezó a abrirse y a coger cuerpo. Pero fue a partir de Luces de ascensores cuando todo cambió. El escenario dejó de ser suficiente.

“Llegar a lo más alto” de Volavent es un tema que refleja la búsqueda de altos objetivos y la lucha por alcanzarlos.

Volavent bajaron, se mezclaron, hicieron del público parte del directo. Subidas y bajadas al ritmo de los temas, miradas cómplices y la sensación de que todo estaba pasando muy cerca. Muy de verdad.

En ese contexto, Creo que vivimos sonó casi como un himno generacional

y Sueño —uno de los adelantos más recientes de Caída Libre, con la colaboración de Óscar Ferrer (Varry Brava)— se convirtió en uno de los momentos más coreados, confirmando que su nueva etapa ya conecta fuerte con la gente.

Un cierre sin distancia

Quizás no hay vuelta atrás terminó de sellar la idea: esto ya está en marcha.

Este tema,  refleja perfectamente la energía y la ambición que ahora mismo definen a Volavent: una banda que no se detiene, que mira hacia adelante y que encara cada paso con decisión y pasión. Quizá No Hay Vuelta Atrás habla de avanzar, de no retroceder, y de abrazar lo que está por venir con valentía

Y cuando llegó Es mentira, no quedaba distancia posible. Solo una banda en estado de crecimiento real, sosteniendo un directo cada vez más sólido, más suyo.

Volavent en la Heliogàbal de Barcelona

La noche con Volavent fue intensa, divertida y cercana.

Se notaba que disfrutaban tocando y yo, sin darme cuenta, también disfruté cada momento.

Un abrazo,
Miri