Con “Es un montón”, Mario Nieva entrega una balada soul/pop melancólica que se sumerge en la complejidad de las relaciones y en cómo la intensidad de los vínculos fluctúa con el tiempo. Es una canción que habla del vaivén entre la necesidad y el agobio, del calor y el frío emocional, de ese ir y venir que, en ocasiones, se convierte en una trampa para quien lo vive.
Desde los primeros compases, la voz de Nieva se instala en un registro íntimo que funciona como un susurro compartido con el oyente. La producción, a cargo de Francisco Nicholson, apuesta por una instrumentación delicada, de pulso lento, en la que la batería de Guillermo Salort actúa como corazón latente y contenido. El resultado es un sonido cuidado que mezcla la calidez del soul con la sensibilidad pop, sin artificios innecesarios.
La letra expone sin filtros una contradicción interna: el deseo de proximidad y, al mismo tiempo, la sensación de asfixia cuando esta llega. “Es un montón, en el medio nada, pido perdón, nunca tengo escalas” condensa en pocas palabras la esencia de la canción: la falta de punto medio, el salto directo entre los extremos emocionales. La repetición de frases clave, como un mantra, refuerza la idea de ciclo, de patrón que se repite sin salida aparente.
Hay versos que parecen escritos en plena madrugada, cuando la vulnerabilidad está más expuesta: “Te escribí, te pedí que juntes mis partes desarmadas”. Aquí, Nieva abre un canal honesto hacia la dependencia emocional, mostrando cómo esa búsqueda de refugio puede, paradójicamente, convertirse en un lugar incómodo. La imagen de “rebotando por las paredes, mordiendo la almohada” transmite ansiedad y encierro, contrastando con la calma que se espera encontrar en la intimidad.
El trabajo de mezcla, realizado por Santiago Mealla, le da a la canción un espacio sonoro amplio, donde la voz respira y los matices se perciben con claridad. El mastering de Ignacio de la Riega redondea la pieza, conservando su calidez y reforzando el carácter íntimo de la interpretación.
En cuanto a lo visual, la fotografía de Manuela Uribe captura el tono introspectivo de la canción, aportando un lenguaje visual coherente con la propuesta musical. La estética acompaña el clima melancólico del tema, evitando lo obvio y apostando por la sutileza.
“Es un montón” no busca grandes estallidos ni giros dramáticos. Con una producción sobria y un cuidado en cada detalle, desde la interpretación hasta el acabado sonoro, Mario Nieva demuestra que la vulnerabilidad también puede ser una forma de fortaleza artística.
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