Fran Perea en la Sala Apolo de Barcelona: Un viaje entre nostalgia y presente. Hay artistas que forman parte de una generación entera casi sin darnos cuenta. Y eso es exactamente lo que ocurre con Fran Perea. Verle sobre un escenario no es solo asistir a un concierto: es reencontrarse con canciones que llevan 20 años acompañándonos y con una etapa concreta de nuestras vidas. En Barcelona, la sensación era precisamente esa.
Entre el público había muchas madres que seguramente crecieron viendo Los Serrano, aunque daba la impresión de que ahora eran los hijos quienes las acompañaban a ellas.
Con la gira de El hombre invisible, Fran Perea presenta uno de los proyectos más personales de su carrera. Un disco construido a partir de personajes que ha interpretado a lo largo de su vida y que convierte el directo en un viaje entre memoria, ficción y realidad.
El concierto mezcla nostalgia y presente con enorme naturalidad: himnos generacionales, canciones nuevas y una banda muy sólida liderada de nuevo por Víctor Elías. Todo con una cercanía que hace que el directo se sienta cálido, humano y muy compartido.
Antes de que Fran Perea saliera al escenario, la encargada de abrir la noche fue Celia Becks, artista del sello NBL Música —fundado por el propio Fran Perea y Víctor Elías— y una de las voces emergentes más honestas del pop alternativo nacional.
El fin de semana en Barcelona y Zaragoza, celebrado los días 22 y 23 de mayo, cerró este tramo de la gira hasta octubre, convirtiéndose en los últimos conciertos antes de una pausa que prolonga todavía más la expectación por el regreso de El hombre invisible.
Celia Becks apareció sobre el escenario de la Sala Apolo abriendo la noche con Sálvese quien pueda, una de las canciones de Ve a Terapia, su primer disco. El concierto, planteado en formato acústico, hizo que todo se sintiera todavía más cercano y especial, como si cada canción funcionara casi como una conversación íntima con el público.
Desde el principio dejó claro el vínculo emocional que tiene tanto con Barcelona como con esta gira. “Barcelona es una ciudad muy bonita que amo y donde me encanta venir a tocar”, confesó antes de agradecer la oportunidad de acompañar a Fran Perea durante estos conciertos: “La verdad es que es un regalo poder abrir sus conciertos. Os va a encantar el concierto que tiene preparado. Es súper especial y espero que lo disfrutéis muchísimo”.
También explicó su relación con el sello y con el público desde una cercanía total: “Soy artista en su sello y vengo a presentaros unas canciones, algunas más nuevas, otras no tanto y espero que os guste mucho. Si me queréis seguir y etiquetarme, me hará mucha gracia ver esta noche los vídeos cuando me vaya a dormir”.
Su actuación funcionó precisamente así: cercana, cálida y muy humana. Entre canción y canción fue explicando el origen de muchos de sus temas, dejando momentos especialmente íntimos y emotivos.
Antes de interpretar Autocrítica, perteneciente a su último disco No necesitamos saberlo todo, definió la canción como “una canción de amor propio, de quererse bien y de mandar a la mierda a la gente que hay que mandar a la mierda”, antes de lanzar una frase que arrancó risas y aplausos: “Debería estar más aceptado socialmente poder mandar a la mierda”.
También habló de No necesitamos saberlo todo, el álbum que terminó publicando tras años de cambios e inseguridades creativas. “He tardado muchos años en terminar este disco. Al principio saqué canciones sueltas, luego hice un disco que era de otra cosa, luego dije que era de otra cosa y luego saqué el disco con algunas canciones que me daba vergüenza cantar, pero ahora ya no”, confesó antes de interpretar Irte a explorar.
Uno de los momentos más espontáneos de la noche llegó cuando habló de Fran Perea entre risas y complicidad con el público: “Yo creo que todos y todas pensamos: ‘Qué guapo es Fran Perea’. Es más guapo en persona, ¿a que sí?”. Mirando la sala llena añadió: “Qué montón de gente. Pues gracias a él estoy aquí y es una oportunidad para contaros mis mierdas”.
Esa honestidad volvió a aparecer justo antes de cantar Interestelar, otra de las canciones más personales de No necesitamos saberlo todo. Celia confesó que llegó incluso a borrar la canción porque no quería publicarla: “La publiqué y ahora me siento súper vulnerable. Así que si a alguien le ayuda escuchar esta canción, que la hagáis vuestra, que os sirva mucho y que ojalá no os sintáis así”.
Uno de los momentos más emotivos llegó con Humano. Celia recordó emocionada a Zero, su perro, fallecido hace apenas un mes, y explicó que fue una de las primeras canciones que compuso nada más adoptarlo. “Tengo un recuerdo súper bonito de cuando era un cachorrito y cantarle esta canción en mi cuarto hace catorce años”, contó emocionada. También explicó que recientemente ha adoptado otro cachorro junto a su novia y que espera seguir componiendo nuevas canciones con él, “pero sin dejar de pronunciar a Zero”.
También hubo espacio para una de las historias más bonitas de la noche: el origen de su relación con Fran Perea. Todo comenzó, según contó entre risas, por una “emboscada” de su hermana. Ambos coincidieron en una fiesta y ella le contó a Fran que Celia había compuesto una canción llamada Primavera —incluida en No necesitamos saberlo todo— donde le mencionaba directamente. Él le hizo una señal para que se acercara y le dijo: “¿Me pasarías la canción?”. A partir de ahí comenzaron a hablar, terminaron haciéndose amigos y tiempo después colaboraron en Primavera.
Además, juntos compusieron Dicen de mí, una canción que forma parte de su nuevo repertorio y de la que Celia se siente especialmente orgullosa: “Está gritando mi adolescente por dentro”, confesó.
El concierto avanzó entre confesiones, humor y emoción. Antes de interpretar Deberes de Terapia, una de las canciones más queridas de Ve a Terapia, Celia reconoció al público: “Ahora voy a cantar la canción que hasta ahora sigue siendo la favorita de mi repertorio”.
El cierre final llegó con La Herida, dejando la sensación de haber visto a una artista muy cercana, capaz de transformar sus experiencias más personales en algo colectivo.
Fran Perea en la Sala Apolo de Barcelona. Hay artistas que forman parte de varias etapas de nuestra vida casi sin que nos demos cuenta. Y eso es exactamente lo que ocurrió el pasado 22 de mayo en Sala Apolo, donde Fran Perea presentó El hombre invisible, un trabajo profundamente ligado a su faceta como actor, a sus personajes y a todas esas identidades que han convivido con él durante años.
La noche arrancó con una potente introducción teatral antes de sonar “El hombre invisible”: “Bienvenidos al viaje de alguien que entendió que desaparecer también puede ser una forma de resistencia y que regresar es el mayor acto de valentía”, se escuchaba mientras Fran aparecía de espaldas sobre el escenario, en una imagen casi cinematográfica que marcó el tono de todo el concierto.
“No se trata de regresar a un lugar conocido sino de encontrar uno nuevo”, continuaba la voz en off antes de una de las frases más significativas de la noche: “Lo que ahora veis es el hombre invisible solo para el que no sabe mirar con atención”.
Tras esa primera puesta en escena llegó “La vida al revés” y, con ella, las primeras palabras de Fran al público barcelonés. Explicó que El hombre invisible es un disco “curioso y particular” donde une sus dos grandes pasiones: la interpretación y la música. “Esta noche no habéis venido exactamente a un concierto”, confesaba. “Es más bien un cruce en el que los personajes respiran, las canciones hablan y la escena late”. A partir de ahí, el concierto se convirtió en una experiencia mucho más cercana al teatro musical que a un concierto convencional.
Fran Perea y Ernest Prana
Uno de los momentos más especiales llegó con “Tu aire”, interpretada junto a Ernest Prana. Fran recordó que era la primera vez que cantaba en catalán y habló sobre el origen de la canción, vinculada al personaje de Hipólito en Se hace de noche en Mérida. La Sala Apolo respondió con una ovación cálida y cómplice en uno de los pasajes más emotivos del concierto.
La parte más introspectiva apareció antes de “Me dejé querer”, cuando Fran comenzó a cuestionarse sobre el escenario quién es realmente detrás de tantos personajes. “La gente dice Marcos de Los Serrano… ¿Soy yo o soy algunos de los personajes que he interpretado? ¿Soy músico o soy actor?”. Mientras rebuscaba en un baúl y sacaba un supuesto guion “enviado desde Hollywood”, el artista mezclaba humor, ironía y vulnerabilidad. Poco después aparecía con un pequeño ukelele entre las manos mientras reflexionaba sobre la fama y la identidad: “Una fama que te agranda por fuera, pero se reduce por dentro”.
También comenta: “Sé que hace frío, me voy a abrigar” “Lo mejor siempre está escondido” y se pone su tejana, que saca de su baúl. Suenan los primeros acordes de “tras la puerta + la chica de la habitación”.
El concierto fue avanzando entre canciones como “Dame una alegría”, “Qué va a ser”, “Mi corazón” o “Punto y aparte”, combinando nostalgia generacional con la madurez de su nueva etapa artística. Pero si hubo un momento que terminó de romper la barrera entre escenario y público fue el teatral juego que introdujo antes de “Dicen de mí”.
Con sombrero y pluma incluidos, Fran bromeó diciendo que esa noche coincidía con un concierto de Bad Bunny y que, aun así, el público había decidido estar allí con él.
Fran Perea/Don Juan
Acto seguido invitó a una asistente a subir al escenario para leer junto a él un fragmento de Don Juan Tenorio. El momento se volvió todavía más especial cuando la madre de la joven, completamente emocionada y animada por la ovación del público, también terminó subiendo al escenario entre aplausos y risas. Fran regaló el libro a la asistente y convirtió aquella escena en uno de los instantes más cercanos y entrañables de toda la noche, justo antes de interpretar “Dicen de mí” + “Punto y Aparte”.
La intensidad emocional continuó con “Bala perdida”, precedida de una frase que resumía perfectamente el espíritu del disco: “A veces el agua llega justo a tiempo para quitar el polvo que deja el miedo”.
Con “Me sale a cuenta” y “Raro”, el concierto toma un respiro y se abre a un registro más ligero y cotidiano, donde Fran juega con una energía distinta, más directa y cercana, sin perder el hilo emocional del espectáculo.
Antes de “Nos volveremos a ver”, Fran volvió a conectar con Barcelona desde lo personal. Reflexionó sobre sus raíces familiares —vascas, leonesas, granadinas y catalanas— reivindicando la multiculturalidad y explicando por qué un malagueño canta también en catalán. Ese discurso enlazó con referencias a Se hace de noche en Mérida, Orestes y Electra, reforzando todavía más esa unión constante entre teatro y música que atravesó todo el espectáculo.
El tramo final llegó cargado de emoción cuando Fran bajó del escenario para cantar “Voy a pensar en ti” entre el público, en uno de esos momentos íntimos que transforman completamente una sala. Después habló sobre la invisibilidad emocional, sobre la necesidad constante de agradar a los demás y sobre la importancia de revelarse contra ello para poder estar bien con uno mismo.
Fran Perea en la Sala Apolo de Barcelona. Y entonces llegó la celebración colectiva. El medley final mezcló referencias inesperadas como Coque Malla, Inspector Gadget, The Simpsons, AC/DC o The Beatles, antes de desembocar en el gran cierre: “Uno más uno son siete”. La Sala Apolo entera explotó cantando el himno generacional mientras se unían sobre el escenario Celia Becks, Ernest Prana con toda la banda.
Más allá de la nostalgia, Fran Perea demostró en Barcelona que sigue construyendo una carrera artística valiente y profundamente personal. El hombre invisible no es solo un disco: es una reflexión sobre la identidad, los personajes que nos habitan y la necesidad de dejar de ser invisibles ante nosotros mismos.
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