Mairena y Billy Flamingos volvieron a demostrar el pasado viernes 10 de abril en la Sala La Ley Seca de Zaragoza que la música en directo sigue siendo uno de los mejores refugios posibles.
La entrada no fue especialmente notoria, pero eso no impidió que el ambiente terminara convirtiéndose en una fiesta. De esas que se sienten cercanas, sin postureo, y las bandas dejándose la piel sobre el escenario. Desde aquí queremos agradecer a las salas que siguen programando conciertos y, sobre todo, a quienes apuestan por el talento emergente. En este caso, mención especial para los amigos de Haciendo el Indie, organizadores de la velada, que siguen demostrando que el underground nacional está más vivo que nunca.
Pasadas las nueve de la noche, los vallisoletanos Mairena subieron al escenario con esa mezcla tan reconocible de nervios, ilusión y ganas. Era su primera vez viajando tan lejos de casa, y se notaba en sus caras. Pero también se notaba en su actitud. Salieron con hambre, con energía y con la firme intención de aprovechar cada minuto.
Formados en 2024 en Valladolid, Mairena son una de esas bandas emergentes que sorprenden por su rapidez creativa. A pesar de su corta trayectoria, ya han sido prolíficos y lo dejaron claro en un setlist que combinó temas de su primer EP “Tracy”, canciones previas y varios adelantos de lo que será su primer LP, que según adelantaron, irán desgranando en los próximos meses.
Su propuesta sonora bebe del indie-rock nacional y mezcla el rock alternativo de los 2000 con un enfoque más moderno y contundente. Arrancaron con “S.J.”, “Misterio” y “Generación 2.0”, entrando rápido en materia y dejando claro que su directo no tiene nada de tímido. Sonaron también “Boda en fragmentos” y “Cuento”, presentada como la primera canción que compusieron allá por la pandemia, un detalle que conectó con el público desde lo emocional.
El momento de mayor despegue llegó con “Reencuentro”, un tema que hizo que los pies dejaran de estar quietos y el cuerpo empezara a seguir el ritmo casi sin permiso. Siguieron con “Construir” y “Solos”, manteniendo un pulso firme, aunque con alguna complicación puntual de sonido que resolvieron con naturalidad y frescura. Incluso hubo una divertida petición de una cejilla para la guitarra, resuelta al vuelo gracias a sus compañeros de cartel, Billy Flamingos.
El estreno en directo de “Fiesta en una pecera” fue uno de los grandes momentos del concierto. El último adelanto del futuro álbum que terminó de confirmar que esta banda tiene algo especial. Después sonaron “Tracy” y “Tiempo de inflexión”, con esa letra que casi funciona como un mantra generacional: “la fiesta está preparada ahora empieza la partida… mañanas de dopamina…”. Y sí, fue imposible no bailar.
Como broche final, regalaron una cover de Siloé para los bises. López, David, Dani, Gabi y Carlos a la batería se despidieron agradeciendo al público con sinceridad. En 2026 planean lanzar su primer álbum, “Guerra y Fuego”, y si siguen creciendo así, habrá que tenerlos muy vigilados.
Tras el buen sabor de boca de Mairena, el escenario de La Ley Seca recibió a Billy Flamingos, llegados desde Ibiza y acompañados al bajo por Celia Becks. Una banda que denota gran rodaje, aplomo sobre las tablas y un directo cargado de zarpazos eléctricos, poesía descarnada y rock and roll con un punto sensual.
Billy Flamingos llegaban a Zaragoza para presentar su nuevo álbum, “Linde”, y se notaba que tenían ganas. De hecho, contaron que hacía años tuvieron que cancelar un concierto en la misma sala por problemas meteorológicos y de viaje. Así que esta visita era una especie de deuda pendiente. También reivindicaron algo que desde aquí suscribimos al cien por cien. El valor de la cultura de salas y lo importante que es seguir apoyando la música en directo.
Con Alex Costa a la batería, Guille Podevín a la voz y guitarra y José David Cruz a la guitarra, se nota que hablamos de músicos con más de veinte años de experiencia en diferentes proyectos. Sonaron compactos, disfrutones y muy sólidos, con un público que acabó entrando de lleno en su propuesta.
El concierto arrancó con la intro de “Rumi” y creciendo con “Punto de partida”, “Avanzar” y “Tiro al blanco”. “Nada que hacer” llegó como uno de esos golpes directos al pecho. Con una letra que casi se grita más que se canta, se siente como un desahogo colectivo en directo. También sonaron “Una historia violenta” y “Sushi Shock”. Esta última nacida de una supuesta indigestión japonesa que fue el primer adelanto de su tercer disco.
La parte final del set fue una auténtica escalada de intensidad. Se suceden “Estanque Euforia”, “Tupido velo” y “Desnúdate”, donde su lado más seductor se desató por completo. Era imposible no caer en esa atmósfera que propone la canción: “descúbreme, pregúntame con la mirada, sedúceme…”. Billy Flamingos lograron que el rock sonara íntimo y salvaje al mismo tiempo, como si la sala se transformara en un pequeño club clandestino donde todo podía pasar.
Para los bises dejaron “Horizonte” y “Vorágine”, incluida en su segundo disco “Oscuro Baile de Salón”, cerrando la noche con el público ya completamente entregado.
Puede que no fuera un concierto multitudinario, pero sí fue una noche de esas que se recuerdan. Mairena y Billy Flamingos volvieorn a demostrar que, cuando la música es honesta y las bandas se dejan el alma, el tamaño del público importa menos que la intensidad del momento.
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