Crónicas

Los Acebos en Zaragoza: indie rock a flor de piel

Los Acebos aterrizaron en Zaragoza el pasado sábado 11 de abril para presentar su directo en la Sala Creedence. Una noche marcada por guitarras afiladas y esa intensidad emocional que define a una de las propuestas más interesantes del nuevo indie rock nacional.

La banda asturiana llegaba además respaldada por su presencia en la nueva edición del programa Girando Por Salas (GPS), un escaparate perfecto para bandas con proyección que están listas para dar un salto. Y lo cierto es que el concierto fue la confirmación de algo evidente: Los Acebos tienen un directo espectacular. La Creedence sonó potente, limpia y con un equilibrio perfecto entre contundencia y detalle. Aunque la sala no llegó a llenarse, la entrada fue más que considerable y el público respondió como se espera en estos casos: cantando, bailando y conectando con su intensidad.

Los Acebos en Zaragoza: guitarras melódicas y emoción sin frenos

Fue la primera vez de Los Acebos en Zaragoza, pero por la forma en la que se movieron sobre el escenario y la respuesta se sentía como si llevasen años tocando aquí. Se mostraron disfrutones, tranquilos, sin excesos ni necesidad de artificios, pero con una intensidad a la altura de sus canciones. De esas bandas que no necesitan correr ni gritar para conquistarte.

El concierto arrancó con “Cruz y Sed”, una apertura perfecta para entrar en ambiente. Directa, guitarrera y con un punto épico que ya anticipaba que lo de esa noche iba en serio. Le siguió “Nubes”, su último single y con una segunda parte instrumental que en directo se vuelve épica.

“Globo” llegó con ese trasfondo de vértigo cotidiano que define tan bien a Los Acebos y más potente de lo que recordaba escuchar en su EP debut “Puntos de vista”. Le sigue “Confeti” que sigue manteniendo al público en movimiento que ya estaba completamente dentro del concierto. En este tramo inicial se notó también el gran trabajo del sonido: todo estaba en su sitio, con las guitarras ganando protagonismo sin tapar la voz, y una base rítmica sólida y elegante.

Con “Sigo quedándome atrás” el concierto se volvió más emocional, de esos temas que se sienten como una conversación interna, mientras que “Esclavos de la intensidad (parte II)” marcó uno de los momentos más íntimos de la noche.  La canción detuvo el pulso del concierto para sumergir la sala en una atmósfera contenida y preciosa.

Intensidad, melodía y guitarras brillantes sobre el escenario

La segunda mitad del show fue un viaje constante entre la energía del rock alternativo y esa delicadeza melódica que les hace especiales. “Cuchillos” sonó afilada y precisa y “Norte” fue, sin duda, uno de los momentos más viscerales del concierto. Sonó a rabia contenida, a guitarras afiladas y rápidas que cortaban el aire mientras la banda nos sumergía en una tormenta emocional sin frenos. Los Acebos la llevaron al límite, consiguiendo que la sala sintiera cada golpe, cada duda y cada estallido, en uno de esos momentos donde la música no solo se escucha, sino que se atraviesa.

En mitad del concierto, Berto hizo referencia con humor a esa pausa inevitable que siempre necesita porque la guitarra se le desafina. Un comentario sencillo, pero que terminó reforzando la sensación general del bolo: solvencia y cercanía. Nada de poses. Nada de personaje. Solo una banda disfrutando y dejando que las canciones hablen.

La versión de “Qué no” (cover de Deluxe) fue un guiño precioso, de esos que unen generaciones y que hacen que el público sonría antes de volver a la intensidad habitual del repertorio.

Después llegaron “Gigantes” y “A flor de piel”, dos temas que representan perfectamente la identidad de Los Acebos. Melodías que podrían sonar en cualquier sala británica, pero con una emoción muy nuestra. Óscar Rivas al bajo, Sebas Minino a la guitarra solista y Guille Barrera a la batería sostuvieron el directo con firmeza, mientras Berto guiaba todo con una voz honesta y una guitarra que, incluso cuando se resiste, acaba rindiéndose al momento.

El cierre llegó con uno de sus himnos “Esclavos de la intensidad” y fue de esos finales que se quedan grabados. En el último estribillo, Berto se quitó uno de los in-ears casi por instinto, como queriendo escuchar la sala de verdad. Esa mezcla de sorpresa y felicidad en sus ojos lo decía todo. Ahí estaba el resumen de la noche, una banda que lo vive y una sala que responde. Un final emocionante, de los que te dejan con una sonrisa tonta y la piel erizada.

Los Acebos tienen proyección, canciones y un directo que no pierde ni un ápice de intensidad. Y sí: fue una suerte poder verlos en una sala pequeña. Ojalá pronto de vuelta por Zaragoza.

Rachel

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Rachel
Etiquetas: Los Acebos

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