Hay festivales que se miden por el número de escenarios o por el tamaño de sus cabezas de cartel. Y luego está PolifoniK Sound. La cita de Barbastro demuestra, año tras año, que el verdadero éxito consiste en crecer sin perder la identidad. La XVII edición reunió a cerca de 12.000 asistentes, rozó el lleno absoluto y firmó, muy probablemente, la mejor edición de toda su historia.

La fórmula sigue siendo la misma. Una programación equilibrada entre nombres consolidados y nuevas promesas. Un ambiente cómodo y familiar. Buena gastronomía y una ciudad completamente implicada con el festival. Durante tres intensos días, Barbastro volvió a convertirse en el epicentro del indie nacional.

“No somos micro. No somos macro. Somos PolifoniK Sound.”

Y, después de esta edición, esa frase tiene más sentido que nunca.

Polifonik Sound 2026 despega entre reencuentros y conciertos memorables

La fiesta de bienvenida del jueves volvió a demostrar que PolifoniK empieza mucho antes del primer concierto. Más de 1.500 personas acudieron al Recinto Ferial para reencontrarse con la familia polifónika. El ambiente fue inmejorable desde el primer momento.

La música arrancó con BALAC, que ofreció una elegante sesión donde mezcló french house, indie y electrónica. Después llegaron We Are Not DJ’s. Los veteranos pinchadiscos transformaron el recinto en una enorme pista de baile gracias a una selección impecable de pop, rock y electrónica.

Polifonik Sound 2026 Djs

Fotografía: Álvaro Piquero

El viernes comenzó con otro de esos momentos que ya son imprescindibles. El concierto en Bodega LAUS volvió a combinar música y vino en un entorno privilegiado. Este año los protagonistas fueron Los Flamingos, que regresaban tras un largo tiempo alejados de los escenarios. La banda tudelana demostró que sigue conservando toda su pegada.

Durante el concierto sonaron clásicos como Reyno, Amapolas, Aviones, Saltar al vacío y Volver a Casa. También estrenaron en acústico su nuevo tema, “Míranos”. El broche llegó con 1000 Vueltas. El cantante terminó recorriendo el césped sobre los hombros del público en una de las imágenes más bonitas del festival. Eso sí, seguimos pensando que este concierto no debería coincidir con la apertura del recinto principal. Obliga a elegir entre dos propuestas que merecen disfrutarse por completo.

Mientras tanto, el escenario LAUS arrancaba con Error 97, que descargó toda su rabia juvenil. Después fue el turno de El Diablo de Shanghai. La banda llegaba como uno de los directos más esperados del fin de semana. Sin embargo, esta vez su propuesta perdió parte del magnetismo que despliega habitualmente en salas. El espacio abierto y la luz del atardecer jugaron en su contra. Canciones como Boviscopofobia, On/Off o Términos y condiciones no terminaron de conectar con un público todavía disperso.

The Slates Polifonik Sound 2026

Fotografía: Álvaro Piquero

El gran descubrimiento del viernes fue The Slates. Los británicos ofrecieron, para nosotros, el mejor concierto del festival. Su propuesta mezcla guitarras cargadas de wah-wah, psicodelia contemporánea y ritmos con un marcado aroma funk. El resultado funciona a la perfección en directo. Temas como Shield Your Drink, Fiesta, Situations, Watch Life Burn, Come Out &Play y What Have You Done? terminaron por conquistar al público. Potencia, actitud y una ejecución impecable. Un auténtico grupazo al que conviene seguir muy de cerca.

La emoción llegó con Love of Lesbian. Eran el plato fuerte del viernes en el Polifonik Sound. La banda ofrecía en Barbastro su último concierto en Aragón antes de despedirse de los escenarios de forma indefinida. Fue un directo honesto, emocionante y repleto de himnos. Sonaron Ejército de Salvación, Cuando no me ves, Bajo el volcán, 1999, Incendios de nieve, La Hermandad y Allí donde solíamos gritar. Miles de personas acompañaron cada canción de principio a fin. Uno de esos conciertos que permanecen en la memoria.

Fotografía: Álvaro Piquero

La jornada terminó con Joe Crepúsculo, que convirtió el recinto en una gran pista de baile. Sonaron Pisciburger, Toda esta energía, Maricas y la infalible Mi fábrica de baile. Después tomó el relevo BITA, encargada de cerrar la primera noche del festival.

El Paseo del Coso: uno de los grandes atractivos del festival

La programación gratuita del Paseo del Coso volvió a ser una de las grandes señas de identidad del PolifoniK. Desde primera hora fueron llegando asistentes para disfrutar de una mañana repleta de buena música y ambiente.

Abrió la jornada arrecí0, que despertó al público con su mezcla de ironía, frescura y ese “tonti-punk” que tan poco tiene de ingenuo. Poco después llegó Muñeca Rusa. Los asturianos fueron creciendo con el paso de los minutos hasta conectar definitivamente con el público gracias a canciones como Shock o Viernes sin ti.

La potencia siguió aumentando así como la asistencia del público con Lady Banana. El dúo zaragozano volvió a demostrar que posee uno de los directos más sólidos del panorama nacional. Guitarras afiladas, energía constante y canciones como Bora Bora, La Jaula, Tashirojima o La Casa Magnética firmaron uno de los mejores conciertos de la programación diurna.

Fotografía: Álvaro Piquero

El cierre de bandas correspondió a Hostia Pedagógica. Su mezcla de humor negro, punk y descaro provocó los primeros pogos del día. Himnos como Abajo con el trabajo, Vas a perderlo todo o La Noria dejaron el Paseo del Coso completamente revolucionado.

La mañana terminó con las sesiones de The Cigarettes, Second DJs y una siempre inspirada Fantasmas Amarillos. Sus sesiones volvieron a poner el mejor broche posible a una programación gratuita que ya forma parte de la esencia del festival.

Un recinto entregado para cerrar la edición del PolifoniK Sound 2026

La actividad regresó al Recinto Ferial con Volavent. Los valencianos firmaron una gran apertura en el escenario LAUS. Su álbum Caída Libre confirmó sobre las tablas todo lo que prometía en estudio. Desde El Mundo hasta Es mentira, la banda fue ganándose a un público que terminó por entregarse.

Después llegaron las irlandesas Eighty Eight Miles. Su propuesta, con ecos de folk, soul y pop británico, aportó el momento más elegante de la jornada. La banda conectó con el público gracias a una interpretación muy cercana y llena de matices.

Fotografía: Álvaro Piquero

En el escenario principal apareció Modelo. Los zaragozanos congregaron a una auténtica multitud. Con una propuesta que se acerca más al espectáculo que al formato clásico de banda, su capacidad para divertir y conectar con el público es indiscutible.

Mientras tanto, Mujeres volvía a demostrar por qué siempre es una apuesta segura. Su directo fue intenso, divertido y repleto de pogos espontáneos. Sonaron Cristales, Tú y yo, Besos, Un gesto brillante y Un sentimiento importante. Nunca fallan.

Después llegó uno de los momentos más esperados del festival. Ultraligera confirmó que atraviesa un momento espectacular. La banda salió decidida a conquistar Barbastro desde los primeros acordes de Lapsus. El nivel que alcanzana en directo impresiona. La puesta en escena está perfectamente medida y el grupo transmite una seguridad impropia de una formación tan joven. El repertorio alternó los nuevos adelantos de su próximo disco con temas imprescindibles como Pelo de foca, Silla de mimbre, Me miras mal, Recuerdos del baile, La Basura, Tú no lo ves o Matanza en el hotel. Fue uno de los grandes conciertos del festival. Si siguen a este nivel, el techo de la banda parece no tener límite.

Fotografía: Álvaro Piquero

El cierre de bandas volvió a recaer sobre Los Invaders, una garantía absoluta cuando de montar una fiesta se trata. Los valencianos regresaron con un setlist pensado para no dar un solo respiro al público. Desde “Easy Love” fueron enlazando himnos imprescindibles como “Wrong is Right”, “Batman”, “Wolfwoman” o “Champán”, alternándolos con sus nuevos cañonazos “Viajeros Nocturnos” y “Super Queen”. La incorporación de una segunda percusión y de David Lozano a la guitarra añadió todavía más músculo a un directo que ya rebosa energía por los cuatro costados. El resultado fue el esperado: un público entregado, quemando zapatilla hasta el final y confirmando, una vez más, que si algo saben hacer Los Invaders es convertir cualquier escenario en una auténtica celebración.

Como manda la tradición, Alex Curreya fue el encargado de despedir el festival con una sesión que mantuvo el pulso de la pista hasta el último minuto, poniendo el broche final a tres días de música casi ininterrumpida.

PolifoniK Sound continúa creciendo. Sin embargo, lo hace sin renunciar a aquello que lo hace diferente. Aquí la música sigue siendo la protagonista. El público disfruta sin agobios. Las bandas emergentes encuentran un escaparate privilegiado y el territorio forma parte de la experiencia tanto como los propios conciertos.

Quizá esa sea la mayor victoria del festival. No pretende ser el más grande. Simplemente quiere seguir siendo PolifoniK Sound.