Sidecars estrena Everest e inaugura una nueva etapa para una banda que, tras 18 años sobre los escenarios, ha aprendido a mirar hacia dentro sin perder su instinto melódico ni su visión clara de lo que importa: disfrutar del camino, pase lo que pase. El trío madrileño —Juancho, Gerbass y Ruly— entrega su octavo álbum con la serenidad de quien ha escalado muchas laderas, pero también con la chispa de quien aún se sorprende con el paisaje.

Sidecars Everest portada

Producido por Paco Salazar junto al propio Juancho, Everest respira esa mezcla de ligereza y profundidad que la banda venía buscando desde hace tiempo. El sonido es más pop, más abierto, con teclados envolventes y guitarras que se colocan justo donde deben estar, nunca de más, nunca de menos. Sergio Valdehita y Álvaro Fernández suman su sensibilidad habitual, mientras un cuarteto de cuerdas y voces invitadas como Laura Rull o Esmeralda Escalante rematan un álbum que Sidecars define como luminoso y optimista, un recordatorio de que no se trata de llegar a lo más alto, sino de permanecer presentes.

Everest de Sidecars: un ascenso emocional en trece canciones luminosas

Everest se abre con “A cámara lenta”, una de las piezas más delicadas del disco. La letra describe la fragilidad de un vínculo que avanza a trompicones, entre equilibrios precarios y silencios que pesan. La banda acompaña esa tensión con un tempo contenido y un arreglo que respira a cada verso.

Le sigue “El momento exacto”, donde Sidecars aborda la ansiedad cotidiana con una mezcla de ironía y ternura. Es una canción que late, que avanza en diagonales, llena de frases que golpean por su honestidad.

Sidecars Everest promo

El tema que da nombre al álbum, “Everest”, es una declaración de intenciones: un refugio emocional, una promesa de compañía incondicional incluso cuando el mundo se derrumba. Su estribillo, expansivo y cálido, condensa el espíritu del disco: no importa la cima, importa el viaje.

En “La misma canción”, la banda explora el eco de una despedida que no termina de cerrarse. Es un tema circular, dolido, que se aferra a una melodía tan íntima como universal. “Ahora” introduce mayor impulso rítmico y un tono confesional que combina vulnerabilidad y vértigo emocional. Habla de dejarse llevar cuando todo tiembla bajo los pies. Con “Lo que queda”, Sidecars vuelve a su pulso rockero y sincero, reconociendo el cansancio, el paso atrás, las huellas que dejan las noches largas.

El disco respira hondo en “Diez segundos”, una canción marcada por la nostalgia y el autoengaño necesario para seguir. Un medio tiempo emocionalmente contundente. “Eclipse” es una de las gemas del álbum: poética, intensa, casi cinematográfica. Habla de tormentas, de ruinas y de cómo alguien puede iluminar incluso en medio del desastre.

Vuelve la añoranza con “Hasta que cierro los ojos”  en esa búsqueda inútil de alguien que ya no está donde solía hacerlo. Es uno de los cortes más emotivos del disco. El viaje continua con “A mil metros de profundidad” donde la banda se sumerge en la intensidad afectiva: deseo, vértigo y un hundimiento compartido que, aun así, no renuncia al salto.

En “Un granito de arena”, Sidecars captura la importancia de lo mínimo, de los detalles que sostienen lo que a veces ni sabemos nombrar. El caos emocional y la electricidad llegan con “Sin conexión”, narrado desde la vulnerabilidad más cruda de quien se sabe desbordado, pero intenta avanzar.

El cierre llega con “Los reyes del caos”, una despedida vibrante donde el desorden, la locura compartida y el desenfreno sirven como espejo de una generación que intenta sobrevivir entre dudas, afectos y ciudades en llamas.

Coincidiendo con el lanzamiento de su álbum, Sidecars anuncia las primeras fechas dede su gira Everest. El inicio será en ciudad de Mexico (CDMX) en el auditorio BB el 18 de abril del 2026. La banda también confirma una fecha especial en España el 29 de enero del 2027 en el Movistar Arena de Madrid.