Festivales

Palencia Sonora 2025: la crónica

Palencia Sonora 2025 ha sido la XXII edición de este pequeño gran festival. Para mí, la séptima ocasión que he asistido. Y con los años, no sólo no han menguado las ganas, sino que Palencia se ha convertido en casa, en lugar seguro. Por eso, por segunda vez consecutiva, llegué el miércoles para poder disfrutarlo desde el principio. Y, a continuación, te lo cuento todo.

Miércoles

Los días felices comenzaron el miércoles con la actividad “Música de altura”, el habitual concierto de la banda de música de Palencia, que interpretaron, desde la preciosa fachada del Universonoro y sus aledaños, clásicos de la música contemporánea, desde Smoke on the water de Deep Purple hasta Eva María se fue de Fórmula V, pasando por Despacito de Luis Fonsi. Sentada en primera fila, en esas sillitas plegables de madera, junto a señoras palentinas con su mejor cardado, brindé con la primera cerveza, canté, reí y volví a considerar seriamente la opción de empadronarme.

Tras este bonito estreno, la visita de rigor al Uni con mis amigos, el falafel en el kebab de la esquina, unas chicas que conocimos y nos enseñaron la palabra “clóchina”como sinónimo de oler mal, unas rondas en ambientes más que cuestionables (¿quién va a salir un miércoles hasta la madrugada?)… y me fui a dormir a mi cómoda cama del Castilla Vieja.

Jueves

La primera (segunda) jornada del festival comenzó desayunando en el “J”, nuestro bar de confianza. Que tiene alguna pega y queman mi leche vegetal al calentarla, pero el año pasado estaba cerrado y penamos mucho. Así que desayunados, nos fuimos a pasear hasta la iglesia de San Juan Bautista, única construcción completamente románica de la capital. Luego a comer al Chiguito Sushi un buen ramen y a coger fuerzas para los conciertos de la noche.

Bewis de la Rosa

Con Bewis de la Rosa saliendo de la nada, cantando su canción “Mi tierra”, mientras caminaba entre nosotros mirándonos a los ojos, arrancaron los tres conciertos del jueves en el Sotillo.

Historias de su abuela, rap rural, tenderetes con bragas, canciones manchegas, el botijo con agua fresquita, su puchero de recena… y por supuesto, las amapolas. Me pasé varias canciones esperando a que saliera su banda, pero no había nadie más. Y es que Beatriz del Monte, nombre real de esta artista, no necesita a nadie más. Una mujer increíble que convirtió su concierto/microteatro en una agradable sorpresa y que conquistó a todos los presentes, a pesar de no estar muy participativos al inicio.

Ortiga y Biznaga, de la cumbia al punk

Vimos a Ortiga en 2022 en la plaza de San Miguel. La pusieron patas arriba, pues cada concierto de esa plaza se convierte en algo mítico. Sin embargo, en esta ocasión, la verbena gallega me supo a poco. Autotune, cumbia y merengue para seguir calentando la noche. Pantaloncitos de chandal y animal print, eso que no falte.

Y por primera vez en Palencia, los madrileños Biznaga. Contraste con las dos actuaciones anteriores. Mucha caña y mucho guitarreo. Me gustaron bastante, sobre todo, por poder escuchar en directo “Madrid nos pertenece”, pues también era mi primera vez frente a este cuarteto, a los que mi tía describió como atronadores.

Finiquitado su concierto, pusimos rumbo al Universonoro, donde había una sesión de una Dj. Hubiera preferido un poquito de “indie de mierda”, pero la vida es aquello que va sucediendo… yatusabeh.

Viernes

Check out en el hotel, desayuno, check in en el hostal, chapita y pintura, gafina de sol y al lío.

Conciertos matinales, primer round

Las citas musicales de los viernes en la Plaza Pío XII siempre me han servido para descubrir nuevos grupos, ya que Palencia Sonora incluye muchos proyectos emergentes en su cartel.

El Diablo de Shangai, una banda emergente de la escena underground de Barcelona, presentó su álbum debut, ante un público escaso al principio. Un par de canciones después, la plaza se llenó, con una gran mayoría escondida a la sombra y unos cuantos, cada vez más numerosos bajo el sol, frente al escenario. Como no podía ser de otro modo, nosotros, bien rodeados de los habituales de las primeras filas, incluidos mis adorados primos de Mallorca, decidimos darlo todo, así que hubo que sacar el abanico desde primera hora.

El segundo concierto del día nos lo regaló Tiburona, un trío poderoso de mujeres que, enfundadas en sus trajes de terciopelo (¡qué calor debe dar eso!), nos pusieron a bailar con su “Relación abierta” o “Pensando en ti”.

Y tras ellas, parada para comer, en el sitio de todos los años, porque no escarmentamos y no tenemos remedio. Lo bueno es que está justo al lado de las pinchadas y conciertos de la tarde, pues el escenario UVA acogió, solo un ratito después, las actuaciones de Castora Herz, el dúo Juventude y la cantante sevillana Julia de Arco.

¡Qué verde es mi Sotillo!

Puede ser por el amor que le tengo a Palencia Sonora, pero creo que es el entorno más bonito de un festival. Tan verde, tan mágico… es difícil de explicar ese sentimiento.

Entramos al recinto cuando La Milagrosa ya había comenzado y ¡qué banda sonora tan chula para los primeros bailes de la tarde/noche! Su canción “Ponzano” mola mucho y ellos me recordaron a La Paloma. Y de un pájaro a otro, porque llegaba el turno de Travis Birds y su escenario lleno de plantas.

Conozco a esta cantante desde hace años, por su adaptación del 19 días y 500 noches o el vídeo que rodó con Leiva en homenaje a las víctimas del 11M, cantando “Yo me bajo en Atocha”, también de (mi tan venerado en antaño), Sabina. Sin embargo, nunca la había visto en directo. Y me atrapó. Melodías que te acunaban, letras preciosas y una versión del “Stand by me”, que Olga conocía por ser el tema de un anuncio de seguros. Una hermosura ese “quiero estar una vida contigo”.

Y luego, Melifluo, que me pilló de acá para allá (mi vejiga tiene un límite) y no pude disfrutarlos como me hubiera gustado. Suenan bien, con fuerza e irremediablemente, nos recuerdan a Supersubmarina. Merecen todo lo bueno y espero poder prestarles más atención en el Low, pues este año actúan en casi todos los festivales.

Viva Suecia: todo lo que importa

Lo normal en Palencia Sonora es conocer a gente estupenda, pues el buen ambiente es uno de sus puntos fuertes. Por eso, cuando me encontré a mi tía rodeada de unos tiarrones con camisetas amarillas, plumas en la cabeza y las caras pintadas con la bandera sueca, no me extrañó que ella llevara también la cara pintada.

Los setenta minutos siguientes: emoción, abrazos, saltos, cantar a grito pelao, comerme la melena de la muchacha que tenía delante y que no paraba de menearla, sonreír mientras ese señor de al lado se grababa todo el concierto, disfrutar como si fuera la primera, o tal vez la última. Solo faltaron los fuegos artificiales que surcan el cielo en otros emplazamientos casi al final del concierto y mi primah. Lo que no faltó fue esa constante sensación de que esa cita había sido la mejor.

Tu Niña Polaca Bonita

Me duraba tanto el éxtasis que, tras los suecos, se me metió en la cabeza que tocaba Niña Polaca en el escenario de al lado. Y allí estábamos, esperando, hasta que pusieron bien grande “Tu Otra bonita” y dije: “ah, pues no”.

Tu Otra Bonita tienen un estilo que mezcla muchos estilos y transmiten muy buen rollo. Para mí, sin duda, lo mejor fue su versión de “Alegría de Vivir”, de Ray Heredia. Y les daré una escucha con más atención porque creo que lo merecen.

Cuando comenzó, esta vez sí, el concierto de Niña Polaca, casi todos mis amigos se metieron en el mogollón con muchas ganas de fiesta. Dos pogos y unos cachis lanzados al aire después, igual lo vieron como una mala idea. Yo, me había quedado más alejada y no sé si fue por eso, pero noté al grupo un poquito más deshinchado que en Murcia. Cierto es que, a medida que fue avanzando la actuación, mejoró la energía. Y su “Mucho tiempo contigo” me tiene conquistada. Toda una declaración de intenciones.

Mainline Magic Orchestra (o Xumba Xumba)

Sabía quiénes eran MMO por una razón un tanto curiosa, ya que uno de sus miembros, Daniel 2000, es la pareja de la cantante Amaia. Más allá de eso, no les había visto ni escuchado.

Su estilo musical es la electrónica. Y eso es lo único que puedo catalogar porque es de las cosas más surrealistas que he visto en mi vida. Eso fue justo lo que le puse a la CM del festival por whatsapp y su respuesta rezaba: “Nunca dejará de sorprenderte Palencia Sonora”. Y no puedo añadir más. Solo que vayáis a verles si tenéis la oportunidad y que a mi amigo Sayri le valió la pena solo por ver las caras de los allí presentes.

Sábado

Como si viviéramos en el día de la marmota, una mañana más, desayuno en el J y la llegada de Jesús, otro de los regalos que PS me hizo en 2017.

Conciertos matinales, second round

Si el día anterior ya se veía bastante gente en la Plaza Pío XII, lo del sábado fue multitudinario. Llegamos 2 minutos antes de que empezaran Toldos Verdes. Cuando sonaron los primeros acordes, no había nadie delante del escenario pero de repente, llenazo.

Camisas horteras, abanicos, muchas cervezas frías y unos cuantos temazos bajo el solazo palentino. Los Toldos Verdes, con un solista que me recordaba en la voz a Diego de Carolina Durante, cumplieron mis expectativas, provocadas por Lucía, y me supieron a poco. Espero encontrármelos en el Sotillo en próximas ediciones.

Y a las 14:15, la mezcla perfecta. La plaza de San Miguel, un sol del carajo y la Sra.Tomasa, que nos puso a bailar con su fusión de estilos y sonidos latinos. Y con ese subidón, nos fuimos a la pinchada de Pablo, un viejo conocido de Palencia Sonora, donde me lo pasé tan tan bien y bailé tanto tanto que hubo momentos que temí sufrir un infarto el día antes de mi cumpleaños.

La última noche: llévame a bailar

Mientras Neverland Bari tocaban, una servidora se estaba comiendo una porción de pizza vegana de la Pizzería Flotante, uno de los food trucks míticos del festival y que os recomiendo si podéis probar. Lo que escuché de lejos, sonaba bien, pero hay momentos en los que no me da la vida y no pudo ser.

A cambio, pillamos un buen sitio para el concierto de Zahara que, incluso enferma de la garganta, se marcó un numerazo. Todo en ella está bien. La performance, con policlean incluido; su banda, con dos de los mejores productores del país; su energía; su sonrisa; y esa pedazo de voz. Es maravillosa; o como dice Olga, la puta reina.

El fenómeno Carlos Ares

Hace un año, solo sabía quién era Carlos Ares porque iba a tocar en el Vesu y como no fui al final, pues no había vuelto a pensar en él. De repente, a principios de 2025 le confirmaron en muchos festivales y también en Palencia Sonora. Igual esperaba encontrarme un cantante de pop melódico, qué sé yo. Sin embargo, sus canciones en Spotify me sorprendieron y me engancharon. Y el hype por verle en directo, subió como la espuma.

Y no me defraudó nada. Una banda, con el toque especial del violín, donde destacaba la guitarrista Begut. Pura música y emoción, con todos los allí presentes, cantando al unísono. Decía Sayri que le recordaba a los conciertos de La M.O.D.A.

A Jorge le entusiasmó, mi tía lo confundió con Carlos Sadness y a mí me pareció, simplemente precioso. Y sí, lo del vestuario amish y el ventilador que movía el pelazo de Carlos Ares lo vi. Pero fue precioso.

El festín de León Benavente, Barry B y La casa azul

Aunque la banda está presentando su último trabajo “Nueva sinfonía sobre el caos”, el concierto de León Benavente estuvo cargado de temazos más antiguos. Conectaron con el público nada más salir al escenario, recordaron sus primeras actuaciones en el Universonoro y sus anteriores ocasiones en el festival. Y liaron una muy gorda, poniendo a saltar a todo el parque, y es que Abraham Boba es pequeñito pero poderoso.

Después pasé a ver algunas canciones de Barry B, pero ni me gustó tanto como el año pasado ni me parecía la misma persona. No era el tinte rubio, es que no me parecía el mismo. Pero claro, supongo que un solista no puede cambiar de cantante. Aunque si me dicen que es Dani Martín actuando en Los Hombres de Paco, me lo hubiera creído.

Para cerrar el escenario Vibra Mahou, no podía faltar La Casa Azul. A mí ya hace tiempo que me suenan un poquito igual, pero luego Guille Milkyway se pone a cantar y me vengo arriba rapidísimo. Además, teníamos unas manitas de plástico muy cuquis y estábamos más feliz que un perro con dos colas. Podría ser peor…

Y la guinda la pusieron los Serial Killerz, con su sesión entre platos y batería, que no dejaron que el ánimo decayera. Por el nombre no ubicaba quiénes eran, pero ya me los había cruzado en mi último Sonorama y me lo pasé genial. Y aunque Cuerpo Sonoro andaba por allí, nuestros cuerpos serranos ya no podían más y marchamos a dormir, no sin antes, perder al granaíno por La Isla, que este año ni la he pisado y eso que tenía un cartelazo.

Domingo

Aunque me quedaban pocas fuerzas, escasa voz y menos espíritu, dejé que Zuaraz sacara a bailar mis últimos pasos y disfruté de su sonido alterlatino, entre la cumbia y el mestizaje. Y también de la cara de felicidad del indio. Unos tipos bien majos, que hasta entonces eran desconocidos para mí.

Con Mujeres, los últimos pogos y las fotos de Adrián YR en todo el meollo, llegó el punto y final de este Palencia Sonora. Igual no era el mejor horario para ellos, pero la organización sabía que el público no fallaría (a pesar de estar muriendo por dentro). Mujeres cantó todos mis estados de ánimo posibles: “No puedo más”, “Rock y amistad” y sobre todo “Al final, abrazos”.

Justo cuando el mundo apriete… Palencia Sonora

Palencia Sonora 2025 ha sido la edición en la que la lluvia nos ha respetado, en la que ha hecho calor pero soportable, en la que el cartel ha sido impecable y coherente con lo que representa este festival.

Más de una semana después, la resaca sonora continúa y las entradas para 2026 están a punto de agotarse. Supongo que Palencia Sonora ya es casa para miles de personas más. Y ojalá lo sea de nuevo para mi sevillano, que este año no pudo venir y que la primera vez, pensaba que iba a Plasencia y le cayó el diluvio de su vida.

Gracias, Palencia Sonora, por todas las cosas buenas. Por poder cumplir años allí, por ser el punto de encuentro de amigos y conocidos, por la gente bonita, por la música, por las mariposas en el estómago y por el olor a galleta.

¡Nos vemos en 2026! (Y si no tienes tu abono, corre que quedan ná y menos).

Rebeca González, para Mi Rollo, el lugar donde viven los abrazos.

Fotos propias y proporcionadas por Palencia Sonora, bajo la autoría de la majérrima Natalia Rodríguez y Adrián YR (gracias por tanto, perdón por tan poco).

 

Rebeca

Entradas recientes

Asier Martí y su Amor de luto

"Amor de luto" = Un sonido más íntimo y narrativo  El artista redefine su sonido…

3 horas hace

ÖPIK lanza Viva la Revolución

“Viva la Revolución”, un himno íntimo contra la alienación de ÖPIK ÖPIK lanza Viva la…

8 horas hace

THE YEARNING The Rush Of Love

 "The Rush Of Love" es lo nuevo de THE YEARNING THE YEARNING The Rush Of…

1 día hace

CARIES Volverán a casa

¡¡VOLVERÁN A CASA es el nuevo disco de Caries CARIES Volverán a casa. El último…

2 días hace

Johnny B. Zero reinventa a Bowie

Johnny B. Zero reinventa a Bowie en clave neo-soul con su nuevo single: "En Marte…

3 días hace

FRANZ BAUER Remember

"REMEMBER" de FRANZ BAUER FRANZ BAUER Remember. Otro nuevo adelanto del que será el primer…

4 días hace

Esta web usa cookies.