A pocos días de publicar su segundo álbum, El Arte del Terciopelo, BANANI presenta “Gato”, el último adelanto de un disco que consolida su universo propio. Con este single, el músico barcelonés reivindica una forma de estar en el mundo que se parece mucho a la de un felino: libre, intuitiva, orgullosa y con una capacidad casi innata para recomponerse tras la caída.
“Gato” no es solo una canción, es una declaración de intenciones. BANANI se mira a sí mismo y se define a través de un imaginario que combina independencia y ternura, rebeldía y necesidad de afecto. Vivir en “modo gato” implica adaptarse, esquivar golpes y mantener siempre los sentidos despiertos. Un estilo de vida que muchos desearían y que algunos, como él, parecen dominar con naturalidad.
Musicalmente, “Gato” se mueve en el terreno del medio tiempo y suaviza la crudeza más garagera presente en otras piezas del álbum. Las guitarras cristalinas y el tempo contenido remiten al indie-rock de los 90 y primeros 2000, con ecos claros de la despreocupación de Pavement en las estrofas y el vuelo más atmosférico de Deerhunter en los pasajes instrumentales.
Especial mención merece la sección intermedia, donde dos baterías dialogan entre redobles que entran y salen, acompañadas por un punteo de guitarra casi líquido que aporta profundidad y movimiento al tema.
El estribillo es el núcleo emocional de la canción. Ahí, BANANI transforma su autorretrato en una enseñanza que trasciende lo personal: la verdadera ventaja de ser un gato no son las siete vidas, sino la actitud. La resiliencia, la capacidad de levantarse una y otra vez y seguir adelante sin perder la dignidad ni el estilo.
GATO
Has pensado en traerme flores,
las azules son las que me gustan más.
Hay países que han perdido el norte,
regalan panderetas al entrar.
He decidido no beber agua del grifo
y alimentarme de pienso de gato.
Sería un persa si no fuera por el pelo,
pero tengo el mejor bigote del barrio.
Vivo por encima de la gravedad,
y si me caigo me vuelvo a levantar.
Los perros ya no me miran mal,
domesticado para jugar.
Ya sabes lo que más me gusta,
hay caprichos que sientan muy bien.
Te he pedido un regalo caro,
y me has traído un cascabel dorado.
He decidido no beber agua del grifo
y alimentarme de pienso de gato.
Sería un persa si no fuera por el pelo,
pero tengo el mejor bigote del barrio.
Vivo por encima de la gravedad,
y si me caigo me vuelvo a levantar.
Los perros ya no miran mal,
domesticado para jugar.
Vivo por encima de la gravedad,
y si me caigo me vuelvo a levantar.
Los perros ya no miran mal,
domesticado para jugar.
El Arte del Terciopelo verá la luz el miércoles 4 de febrero, en una edición limitada de 200 copias en vinilo y en todas las plataformas digitales, en colaboración con el sello Magic in the Air. El álbum supone la continuación natural de su proyecto en solitario tras su paso por bandas como Dulce Pájara de Juventud y Fuckin’ Bollocks.
A lo largo del disco, BANANI construye un relato en primera persona hecho de vivencias, observaciones y pequeñas verdades cotidianas. Canciones donde importa tanto lo que se cuenta como la manera de señalarlo. Porque la subjetividad, cuando es honesta y transparente, se convierte en una de las mayores virtudes artísticas.
Con “Gato”, BANANI no solo cierra la antesala de su nuevo trabajo, sino que afila su identidad: descarada y punzante, vacilona y humilde a la vez. Un disco que no pretende sentar cátedra, sino compartir una mirada muy personal sobre el mundo… con las uñas fuera y el lomo dispuesto a recibir caricias.
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